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jueves, 16 de febrero de 2012

El cuento del quizás (Cómo vencer al miedo I )


[...]
LOC1: Retrasando las manecillas de tus temores solo consigues que lleguen cuando menos te lo esperes.

LOC2: ¡No creo! Pondré tantos kilómetros corriendo que jamás me encontrarán.

LOC1: Pequeño, así solo lograrás que vayan a visitarte allá dónde estés.

LOC2: Pues... Pues... los ignoraré y fingiré que no me afectan.

LOC1: Y ellos se harán tan, tan, tan fuertes que se alzarán mas de treinta metros sobre las casas
y aplastarán a todos los que te rodean sin que puedas hacer nada.

LOC2: ¡Ya sé! Los culparé de todos mis males y diré que soy así porque ellos me obligaron

LOC1: Entonces te convertirás en tu propio temor.

Cabizbajo, el pequeño aprendiz abandonó la habitación sin saber qué hacer, frustrado por creer que sería incapaz de conseguir que su maestro aprobase ninguna de sus respuestas.
Al llegar a su habitación, un viejo sobre lacrado le esperaba sobre la cama.
Con curiosidad, el joven muchacho rompió el sello y sacó una hoja doblada por 8 partes.

En ella, escrita con tinta negra había una frase.

"Lo único que temen tus miedos es a una sonrisa sincera"

Desde ese día supo que no hay mejor forma para enfrentarse a sus prejuicios y quizás,
que el valor del optimismo sincero.

miércoles, 1 de junio de 2011

La cotidiana historia de Emily Forest.




En la oficina mas recóndita, del barrio mas peligroso de Los Ángeles, escondida bajo unas gafas transparente de pasta y un descuidado peinado vivía la chica que jamás se pudo conocer.

Se llamaba Emily Forest y llevaba años buscandose a sí misma.

Acuciada por una necesidad insondable de conocer su futuro, vivía tras millones de libros de astrología y predicciones, las cuales apuntaba en una gran pizarra antigua, que probablemente había encontrado en el mercadillo de algun Colegio Mayor embargado.

Con la precisión del mejor relojero del mundo, Emily apuntaba con su rotulador cada fecha y resultado en un pequeño huequito de la pizarra. Comía solo una vez al día, y dormía apenas 4 horas. Su dieta se basaba en comidas prefabricadas de algún supermercado cercano, y su horario era cambiante, aunque siempre seguía la misma rutina.
Unas veces se despertaba a las 4 otras a las 6 y otras simplemente ni lo recordaba. Para ella el tiempo no era importante, tenía un motivo por el que vivir, encontrar un motivo.

Aunque Emily no siempre fué así, fué poco después de empezar la universidad, cuando derrepente tuvo que cambiar de ciudad, de amigos, su novio ,ahora ex, y se encontró desubicada por primera vez en su vida.

Ella siempre lo había medido todo, siempre fué una alumna excelente, era querida por todos, sus padres la adoraban, jamás llego tarde. Meditaba los comentarios, estudiaba las reacciones , acertaba los pronósticos. Se podía decir que nada era improvisado en su vida.
Quizás por eso intentaba buscar su futuro, porque no encontraba una razón en el presente que la hiciese continuar.

Pero a pesar de todos esos cambios y de ese giro en su vida. La razón por la que nunca volvió a ser la misma fue sin duda la muerte de su padre, Robert Forest. Profesor y premio nacional de física, para entonces ya retirado.
Cuando su padre murió, parte de los sueños de Emily se fueron con él.
Por primera vez había encontrado algo que no podía cambiar, que no podía obviar, que no entraba en sus planes, que se salía de toda lógica, algo que no había podido calcular.

El señor Forest falleció de cancer de esófago cuando ella tenía solo 14 años. Bebía. Bebía mucho. Era alcohólico. Su madre lo había estado ocultando durante años. Durante toda su vida. A él y a su hermano menor Phil. Por eso digo que cuando él murió, también murió su imagen para ella.
Su forma de ver la vida. Su modelo de futuro. Sus ganas de volar.
Emily era el cúmulo de muchas situaciones, buenas y malas.

Tragedias rutinarias para una vida rutinaria.
Justo lo que necesitaba para no sentirse tan,tan,tan... sola.

domingo, 17 de abril de 2011

Vino del norte.


Él vino del norte. Muerto de frio por dentro.
Había pasado las horas mas amargas solo,
y ahora el camino se dividía en dos.

No le asustaba decidir uno.
Tampoco le asustaba equivocarse.
Lo que le llenaba de terror, era dejar cualquiera de ellos por descubrir.

.....

Uno de ellos estaba lleno de ramas y de hojas secas.
Parecía peligroso, la luz entraba y se perdía en su camino.
Sin duda su elección era cuanto menos arriesgada.

El otro estaba a su lado, justo al cruzar el río.
Había una explanada verde interminable.
No había sendero, ni árboles, ni nada que adornase el incansable camino.

Con los hombros agotados dejó la mochila en el suelo.
La abrió y empezó a sacar todo lo que se empeñó en llevar al principio.
Había comentarios a los que nunca hizo caso, consejos de amigos que perdió,
un arsenal de futuros incompletos, el plano de la casa que juró que construiría cuando volviese
y un reloj que contaba las horas que llevaba de camino.

El no quería llevárselo quería marca su propio tiempo,
pero sus amigos se empeñaron en hacérselo llevar.
''Así sabría cuanto tiempo estuvo perdido, y sabría en que hora se encontró.''

Al fondo de la mochila había un mapa. Un viejo mapa. Un mapa lleno de garabatos.
Todos los caminos parecían liarse y enmarañarse cómo los cables de un teléfono.
Unos destinos conectaban con otros y cuando parecías encontrar la llegada,
de esa misma linea salían muchas más, uniéndose con las anteriores.

Los nombres parecían estar en un idioma antiguo,
o al menos en uno ya olvidado por los hombres.
No conseguía descifrar ninguno, excepto uno.
Un minúsculo punto, enmarcado con un círculo y una flecha,
en el que con letras grabadas rezaba ,''Tú''.

Ese punto marcaba el punto exacto en el que ahora se encontraba.
Estaba perdido en la entrada de ''Pensamiento'' y cualquier camino que tomase
iba a significa dejar de vivir la otra opción.

....

Apuró su cantimplora, cerró los ojos, y se sentó a meditar.
Cualquier camino exigiría tomar una decisión, y estaba demasiado cansado para eso.
Como dije, vino del norte, muerto de frío por dentro.
Necesitaba descansar y pensar en el camino recorrido.
No en empezar de nuevo su viaje.