martes, 8 de enero de 2013

Lo malo


Lo malo de las discusiones son los después,
el tener que dormir espalda contra espalda,
la rapidez de las respuestas y el avispero de preguntas,
el hasta cuando.

Lo malo del después son los perdones,
los handicaps y los cafés con los amigos,
la necesidad de arrancar de nuevo y retroceder,
pero avanzando.

Apura esa copa y déjame besarte en los labios,
contágiame el azul y los recuerdos.
Los de tu vida y de tu gente,
aquellos que saben amargos,
aquellos que son dulces, imposibles
pasajeros.

Rompe a llorar pero vuelve,
creceremos juntos, lo prometo.
Rompe a gritar pero siente,
dime que han valido la pena todos los momentos.
Rómpete los nudillos, gritame imbécil , 
escúpeme y hablemos.

 Yo seguiré confiando en nuestros juegos de niños,
sigo confiando en esto,
porque estoy seguro, 
porque es lo que creo.

lunes, 7 de enero de 2013

Volverás.


Cuando caiga la noche y todo cierre,volverás a preguntarte porqué no saliste antes.
Preguntarás porqué pasaste la tarde maquillándote razones,
inventando pretextos y dificultades, complicando cada segundo.

Volverás y todos se habrán ido, no quedará ni chimenea
ni hoguera, y solo notarás el calor templado,
el que poco a poco se pierde con el frío de tu cuarto y nunca regresa.

El pájaro habrá muerto, las calles estarán desiertas,
la planta por falta de riego estará seca
el otoño habrá emigrado al norte y la luz será violeta,
las hojas ocres con la niebla cubriéndo el horizonte,
temporal infinito, helado como un puñal,
como tu cama llena de recuerdos.

Volverás de madrugada y no habrá nadie esperándote,
entonces , solo entonces, te reencontrarás con quien siempre amaste,
tú misma.

miércoles, 2 de enero de 2013

Viaje a la locura.



El problema de volverte loco,
de creer que todo va mas allá
es encontrarte con tus propios fantasmas,
sin embargo, no temas las dificultades,
aprende a caminar despacio,
pues la virtud esta en enfrentarte a ellos.

Suerte que en este viaje no estoy solo.

viernes, 28 de diciembre de 2012

Debería estar prohibido.



Debería estar prohibido aparecer así,
sin anunciarte, con el mayor de los sigilos.
Irrumpir en la vida de alguien sin avisar,
poniendo patas arriba todo en lo que cree.

Debería estar prohibido tu secuestro,
el que haces con mis manos en tu sexo.
Cambiar los aires con tu viento fresco,
que huele a sal, que es un incendio.

Debería estar prohibido echar de menos,
y el color de tus labios y tu olor intenso.
Vaciar y dejarme exhausto con cada beso,
dejarme embriagado, sin aliento.

Deberían estar prohibidos tus ojos,
el brillo ocre y el mirar magnético.
Romperme y construirme entero,
entrar en mi vida desnudándome los complejos.

Deberían estar prohibidos los kilómetros,
los de palabra y los de anhelo.
Alargar los segundos en años bisiestos,
y así día tras día, maldecir al reloj,
a la noche y al tiempo.

Elia en la encrucijada.



"Me suenan las risas a lo lejos y me recuerdan lo efímero de los momentos, lo fútil de los nuevos recuerdos y la penosa impaciencia de crear historias juntos. Lo paralelo de dos vidas al tiempo y la desconexión inevitable, programada, por culpa de la falta de código, de tu obligación binaria.

El reloj marca pesado con eco las olas y rítmicamente acompasa tus pasos hacia el horizonte, hacia la lejanía asíncrona y desaturada del presente, que ahora es pasado, ahora olvido y a cada latido mas hueco, mas distante y menos sincero.
Y que poco a poco , subitamente, se transforma en nostalgia.

Intentas malear la distancia, hacerla plástica y accesible, pero el frío de Diciembre mata todo y bloquea cada partícula, haciendo de los implacables kilómetros de sentimientos la tundra dónde todos perecen, de dónde nadie vuelve y todo es noche, infinita y sin brillo."

Elia camina y esboza las lágrimas de su huida, aprieta los puños y deshace el equipaje entre suspiros que son puñales, para luego volver a colocar todo de nuevo, milimétricamente, cómo si entretenerse con tareas tediosas cómo esta le hiciera olvidar por un instante que está sola, aunque no lo esté.
Entre sus vestidos mete varios cuadernos y agendas de colores, todas dedicadas a organizar el tiempo que ahora le sobra y no quisiera, ojalá le sirvan para escribir nuevos cuentos en su caminar por los senderos.

Una vez mas, echará de menos el mar que aunque siempre la despertaba embravecido le daba la calma que necesitaba cuando las cosas se volvían contra ella, un abrazo salino e infantil que hacía que olvidara todo.
"Que mas da" dice cuando su madre le recuerda que es invierno, Elia piensa que la lejanía abriga a veces mejor que la mas caliente de las chaquetas.

Se sienta en la maleta en la entrada de su casa, que ahora es la salida, sabedora de que es su último momento de arrepentimiento, que podría deshacer las rabietas y disfrutar de los momentos, que siempre hay espacio para algo mas. Sabe que no es una decisión que se tome con el pensamiento, si no que las cosas que giran tu veleta trabajan mucho mas abajo, en el inconsciente, en el sentimiento.
Apesadumbrada por su destino decide en un segundo lo que pasará en los siguientes, Elia es realista y apuesta que tarde o temprano la valentía y complicidad acabarán combatiendo contra su orgullo.