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viernes, 28 de diciembre de 2012

Debería estar prohibido.



Debería estar prohibido aparecer así,
sin anunciarte, con el mayor de los sigilos.
Irrumpir en la vida de alguien sin avisar,
poniendo patas arriba todo en lo que cree.

Debería estar prohibido tu secuestro,
el que haces con mis manos en tu sexo.
Cambiar los aires con tu viento fresco,
que huele a sal, que es un incendio.

Debería estar prohibido echar de menos,
y el color de tus labios y tu olor intenso.
Vaciar y dejarme exhausto con cada beso,
dejarme embriagado, sin aliento.

Deberían estar prohibidos tus ojos,
el brillo ocre y el mirar magnético.
Romperme y construirme entero,
entrar en mi vida desnudándome los complejos.

Deberían estar prohibidos los kilómetros,
los de palabra y los de anhelo.
Alargar los segundos en años bisiestos,
y así día tras día, maldecir al reloj,
a la noche y al tiempo.

Por cada



Por cada sombra lejana, 
hay un cementerio de huesos,
lleno de tumbas vacías,
con lápidas escritas con mentiras,
cómo las palabras que se dicen sin sentir,
cómo los decálogos vacíos de gestos,
 y de besos que se ahogan,
que gritan de fuera hacia dentro. 

Mientras tanto Elia recorre la playa mojándose los pies 
preguntándose quién pintó las nubes y porqué las borra cuando mas le hacen falta.

martes, 3 de enero de 2012

Autoretrato: 2012.



Mi vida está llena de contradicciones:

Tenerte dentro es una de ellas.
Querer tiempo para mi es otra.
Mi necesidad de estar solo.
La cantidad de palabras que digo sobre mi.
Mi autoestima.
La timidez que me hace parecer tan borde.
El sexo, que me sale por los poros.
Mi diplomacia.

Todo esto es parte de mi personalidad,
pero lo que sobra, se irá en 2012.
No me apetece que los mayas acierten y me pillen perdiendo el tiempo,
y mucho menos con lo que me quita el sueño.

lunes, 2 de enero de 2012

Se me enfrían las manos de esperar las tuyas.



Se me enfrían las manos de esperar las tuyas,
debajo de esta parada, en medio de un Madrid roto.
Pesan los segundos que estallan a gritos desde el reloj de Sol,
retumban entre las nubes grises y las caras tristes.

Se me enfrían las manos de esperar las tuyas,
en este tren hacia el norte, cargado de escarcha, vacío de ti.
Chirrían tus labios bajo las vías, cortadas como tus labios,
se me empañan los cristales con el vaho de tu silencio.

Se me enfrían las manos de esperar las tuyas,
porque ya no tengo tus bolsillos para guardarlas.
Se me enfrían las manos de esperar las tuyas,
porque ya no tengo no tengo tu piel para cubrirme.